Las Funciones de Procurement necesitan un Proyecto para estar Vivas

Al igual que como individuos necesitamos contar con un proyecto que dé sentido a nuestras vidas, los colectivos, y como tales, las funciones de Procurement, necesitan un proyecto que sirva de guía para avanzar en su desarrollo. Esto resulta especialmente patente en fases de crecimiento del negocio y expansión internacional. Rápidamente se hace necesario el crecimiento en paralelo de la función de Procurement.

La falta de proyecto inicial se traduce en un crecimiento “orgánico” y desordenado. Esto es, los responsables de las nuevas filiales llevan a cabo compras y contrataciones para atender el negocio, a la vez que ponen en marcha los primeros rudimentos de la función. Contratan personal administrativo para atender esas compras y dejan para más adelante contar con una función de Procurement profesionalizada. Entendible, pero lejos de lo que la compañía necesita y huérfano de proyecto.

Contratan personal administrativo para atender esas compras y dejan para más adelante contar con una función de Procurement profesionalizada. Entendible, pero lejos de lo que la compañía necesita y huérfano de proyecto.

Cómo gestionar el síndrome “Yo sólo toreo con mi cuadrilla”

Por qué los proveedores deben ser seleccionados por Procurement

Todos los que trabajamos en esta nuestra profesión que es Procurement nos hemos topado en alguna ocasión con “stakeholders” internos que defendían el principio que da título a esta entrada, y que yo he calificado de síndrome. Se trata de un conjunto de síntomas que forman un cuadro patológico: “Yo (que lidero el área x) sólo puedo hacer un buen trabajo si elijo y gestiono a los proveedores con los que trabajo. Procurement no conoce mi negocio ni lo que la compañía necesita en este terreno. Nunca han contratado este tipo de servicios y su participación sólo nos llevará a emplear más tiempo y a que haya errores. Y cuando se produzcan, que se producirán, yo no seré responsable de ellos”.

La frase con la que he dado nombre a este síndrome (1) nos revela, sin mencionarlo, su causa: la falta de confianza.

Sin confianza, no es posible formar equipos. Las partes operan de manera independiente y el resultado es inferior al que podría ser.

¿Cómo construir la confianza entre Procurement y los “stakeholders” internos?

Puerta de comunicación con “stakeholders” internos: siempre “ABIERTA”

Cada muy poco tiempo, tenemos conocimiento de nuevas herramientas que sirven para hacer las compras más efectivas. Sin duda, se trata de herramientas capaces de ayudar a los equipos de Procurement a crear más valor. Una vez adoptadas por los equipos más avanzados (la “punta de lanza” de la profesión), y afinadas, poco a poco serán adoptadas por el resto.

Pero, ¿de qué sirve contar con esas herramientas de última generación, si no contamos con las habilidades blandas necesarias para tener éxito? Habilidades que debemos mantener a punto, en el caso de los miembros del equipo más experimentados. Habilidades que debemos desarrollar, en el caso de los miembros más jóvenes.  Como líderes en Procurement, necesitamos saber qué dominio tienen nuestros equipos de compras de estas habilidades.

Algunas de esas habilidades blandas son las que se necesitan para crear y mantener relaciones efectivas con nuestros “stakeholders” internos. Construir la relación con los “stakeholders” internos es en realidad el punto de partida (casi siempre, también de llegada) para poder hacer un buen trabajo en compras. O, dicho de otra forma, es la puerta que separa el trabajo de compras transaccional, reactivo, cortoplacista y sin visibilidad en la capa directiva, del trabajo de compras estratégico, predictivo, a largo plazo y con gran visibilidad.

Blockchain en la Supply Chain

Empujadas por la necesidad de mantenerse competitivas y generar los beneficios que sus accionistas demandan, las compañías han desarrollado cadenas de suministro de complejidad creciente, más largas y de mayor riesgo. Periódicamente, acontecimientos no esperados, pero posibles, nos lo recuerdan, poniendo de manifiesto el alto precio que podemos llegar a pagar.

La lista de lo que puede salir mal es abrumadoramente larga y su mero repaso nos mantendrá despiertos por la noche sin recurrir a la ayuda de la cafeína:

  • Una materia prima obtenida de fuentes no autorizadas y/o de manera no sostenible
  • Un proceso llevado a cabo por mano de obra esclava/ilegal
  • Un producto copiado de manera fraudulenta
  • Un proveedor que no cuenta con las certificaciones que creíamos
  • Un proceso de subasta no seguido conforme a nuestros estándares de ética
  • Proveedores de primer nivel que no aplican los estándares requeridos a sus propios proveedores
  • Y un largo etc….

Mentalidad de Supervivencia o mentalidad de Crecimiento

En estas líneas pretendo abrir el objetivo de la entrada anterior de este blog (Incentivos y Penalizaciones, o I/P), y discutir nuestra responsabilidad en la gestión del riesgo en las cadenas de suministro de una manera más amplia. Según cómo la entendamos, estaremos contribuyendo a alimentar una mentalidad de supervivencia o una de crecimiento.

¿Para qué incluimos incentivos y/o penalizaciones en los contratos?

Fundamentalmente, para reducir la probabilidad y las consecuencias de que algo ocurra. Sin duda, la prioridad es que ese algo no ocurra. Una vez que ocurre, si obtenemos una compensación (la penalización), estaremos limitando las consecuencias. No obstante, esa compensación, en la mayor parte de los casos, resultará insuficiente y de materialización costosa (tanto en términos de recursos como de impacto en la relación con el proveedor).

Es claro que los I/P, como herramienta para manejar el riesgo, se quedan muy en la superficie: tienen por objeto a nuestro proveedor directo, y una vez incluidos en nuestro contrato, podemos estar tentados de creer que su sola presencia es suficiente para que todo funcione “como es debido”, sin sorpresas.

¿Son los Incentivos/Penalizaciones la forma más efectiva de gestionar el riesgo en nuestra cadena de suministro?

¿Incentivo o Penalización?

 

Todos podemos pensar en entornos y/o situaciones en donde existe una marcada preferencia por alguna de estas dos alternativas (incentivo o penalización) a la hora de perseguir un determinado objetivo. También en situaciones en donde se cuenta con sofisticados mecanismos que combinan (siguiendo mágicas recetas) ambos, en la dosis (en teoría) perfecta para conseguir ese objetivo.

Siempre me ha asaltado la pregunta de qué estaba primando más a la hora de elegir una de esas tres opciones (incentivo, penalización o combinación de ambos), si el paisaje específico que formaban entorno y objetivo, o la inclinación personal de los arquitectos de la medida.

Inclinándome yo mismo hacia la opción más racional (en función de entorno y objetivo) quiero proponer una suerte de guía a la hora de decidirnos por establecer incentivos o penalizaciones en las relaciones con nuestros proveedores.

Estos incentivos y/o penalizaciones suelen formar parte de los acuerdos de nivel de servicio que incorporamos a muchos de nuestros contratos. Y estos a su vez, son una de las actividades aguas abajo (“downstream”), es decir, post-selección del proveedor, del “Category Management” (Gestión de Compras por Categorías).

CATEGORY MANAGEMENT

Si estamos de acuerdo en que compartir un lenguaje es el primer paso para entenderse, merece la pena dedicar un poco de esfuerzo a tratar de poner en pocas palabras qué es la gestión por categorías (“category management”, en inglés) aplicada a las compras.

El término “category management” nace como concepto de marketing cuando los grandes distribuidores de productos de consumo descubren que podían incrementar sus ventas y beneficio administrando de manera más eficiente sus productos y cómo estos se ordenaban (categorizaban) en los lineales de las grandes superficies. Esa categorización se llevaba a cabo en función de cómo el consumidor hacía uso de esos productos.

Esta idea fue exportada a la gestión de las compras como parte de un proceso que buscaba llevarlas a cabo de una manera estratégica y no meramente táctica. Sólo de esa forma, se podría generar la contribución al beneficio que una creciente competencia demandaba.

Si en el caso del concepto marketiniano se clasificaban productos de gran consumo en función del uso que el consumidor hacía de ellos, en el caso de la gestión de compras, lo que se clasifica es el gasto con terceros, en base a la función que esos gastos juegan dentro de la organización y cómo los mercados de oferta correspondientes están estructurados.

Superada la fase en la que el “Category Management” se aplicaba sólo en las organizaciones líderes en compras, hoy en día es el abc de cualquier comprador profesional en una función de compras que se considere competitiva. El sentido común ya nos decía que no todas las categorías de gasto se deben gestionar igual dentro de cada organización. Lo contrario tenía sentido en un entorno en donde las necesidades de control determinaban los objetivos y funcionamiento de la función de compras.

El gasto de MARKETING está frecuentemente fuera del alcance de los equipos de COMPRAS. ¿Por qué?

Estoy seguro de que el título de esta entrada no sorprenderá a nadie. No obstante, si queremos ser precisos, debemos decir que no sorprenderá a nadie en España. En países donde la función de compras está más desarrollada, lo sorprendente sería lo contrario. Una prueba de ello es que las entradas que encontramos en distintas fuentes hablan de los problemas que encuentran ambas funciones al trabajar juntas y de cómo solucionarlos. No se plantean si los equipos de compras deben participar, pues para ellos la respuesta solo puede ser afirmativa.

Volvamos a nuestro escenario, la función de compras en España, y su falta de participación en las decisiones de compras en el área de marketing. ¿Podríamos ponernos de acuerdo en las razones de ello y, de ese modo, apuntar estrategias para cambiarlo?

Razones para una participación baja ó inexistente

JUNTOS LLEGAREMOS MAS LEJOS

Nadie con un mínimo conocimiento de cómo funciona una compañía discutiría la necesidad de que la función de compras colabore con el resto de funciones. Si pretendemos ser un poco más concretos, y hablamos de trabajo en equipo (efectivo), con lo que ello representa en términos formales (establecimiento de objetivos, roles, reglas de funcionamiento, etc.), es posible que alguno de los que apoyaban el enunciado anterior, comience a tener dudas. O al menos, diferencias alrededor de qué entendemos por trabajar en equipo comenzarán a aparecer. Y ello ocurrirá más en la medida en que la cultura de la compañía fomente la competencia entre funciones más que la colaboración.

Un entorno competitivo cada día más difícil debe empujar a todas las compañías a inclinarse por la colaboración real y efectiva entre sus funciones. En el caso de las compras, me atrevo a afirmar que un alto nivel de madurez implicará la verdadera integración de la función de compras con cada una de las funciones con necesidad de comprar y/o contratar.

¿Qué entiendo por integración?

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